¡¡¡Qué les den!!!

Digo yo que ni perdones, ni nada; expulsión automática de la Universidad y a otra cosa. Me estoy refiriendo a la agresión que, por parte de unos energúmenos, sufrió Carlos Berzosa, Rector de la Universidad Complutense de Madrid, hace unos días.
Sin duda hemos perdido el norte en el tema educativo y estas son las consecuencias de un sistema que hace aguas por todas partes.
- ¡¡Qué exagerado es usted!! (quien lo dice es un lector cualquiera, al que no puedo presentarles porque no le conozco).
- ¿De verdad cree que exagero? – este soy yo contestando al lector anónimo.
- ¡¡Hombre, unos pocos no representan a todos!! – me dice el lector anónimo.
- Lo están viendo, ¿no?… – ahora soy yo pero dirigiéndome a ustedes, a todos los que leen el artículo menos al lector anónimo. – Este es el gran problema. Ahora saldrá otro diciendo que hay que entender como estaban las cosas en los Colegios Mayores y otro que diga que un error no puede condenar a alguien a no estudiar. En definitiva, todo quedará en que pidan perdón, una pequeña sanción y ¡¡venga chicos, vamos al Botellón de esta noche!!
- ¡Es usted un carca de los de antes! – vuelve a aparecer el lector anónimo. Como ven, no se rinde.
- Osea que según usted alguien que pide respeto por un Rector, por un profesor, y que exige la máxima sanción para los que le escupen, le insultan y le agreden, es un carca. ¡¡Estamos buenos!!
- Pero hombre son jóvenes, ya se sabe… -
- ¡¡Nada que no se rinde!! – yo a ustedes
- Mire – yo al lector anónimo – le voy a decir algo de lo que estoy profundamente convencido: un país donde la justicia y la educación no funcionan, es un país condenado al fracaso más absoluto.
- ¡¡No mezcle las cosas, hombre, no mezcle las cosas! – impertérrito, como pueden observar, sigue nuestro lector.
Por ahora dejaré sin contestar al lector anónimo, no merece la pena.
- Pero oiga, ¡qué falta de respeto! – me grita desde su sillón.
- Pues más o menos el mismo que el que usted demuestra al Rector de la Complutense…
Como les decía, para mí esa situación vivida por el Rector no es más que el reflejo de una situación realmente preocupante. Preocupante por todo, pues las consecuencias afectarán, queramos o no, a nuestro desarrollo como sociedad, a nuestras posibilidades de construir un sistema de convivencia justo y digno y, sin duda, a nuestras capacidades para generar riqueza. Lo digo, sobre todo, porque el talento necesario para nuestras empresas reside en los jóvenes que han sido formados a través de la chapuza de nuestro sistema educativo. Un sistema que no sólo no forma bien desde un punto de vista de los conocimientos – véase el abandono de las humanidades si se tiene alguna duda – sino en el que no se inculcan valores como el esfuerzo (¡tú suspende que da igual! ), la disciplina (concepto fascistoide donde los haya…), la exigencia, el respeto, el civismo, la cortesía, etc., etc., etc.
La pregunta clave es: ¿A quién hay que mandar a la mierda?
Pues quizá se sorprendan, pero para empezar a nosotros mimos. Ese es el primer paso imprescindible, pues para poder enfrentarnos a nuestros aspectos más negativos hay que aceptar que somos cómplices de mantenerlos.
No se quejen, por favor. Un dato indiscutible: La empresa española, salvo honrosas excepciones, en el momento que tuvo conocimiento de la crisis que nos afecta dejó de invertir, de forma dramática, en la formación de su gente. Pero luego uno se harta de oír a los Condes (Consejeros Delegados de oficio) y a los Humanoides (Directores de RRHH de oficio) que lo más importante es la persona y su desarrollo. Y digo yo, ¿a quién pretenden engañar?
Lo malo es que ningún analista financiero emitirá su opinión, sobre la empresa en cuestión, después de analizar qué hicieron con la formación de su gente. Es decir, como están de preparados para el futuro. ¡¡Otros que tal bailan!!
Ahora, si les parece, digan que la culpa es de los políticos.
Yo, les guste o no, empezaré esta campaña pidiendo la expulsión para los energúmenos que atacaron al Rector. Osea, ¡¡qué les den!!





