Las Células de Apego

sangre

Ya lo dice una famosa frase: “Madre no hay más que una”. A la que algunos añaden una coletilla que dice “…y a ti te encontré en la calle”. Osea, más o menos, que como trates de competir con mi madre, ¡guapita de cara!, lo tienes crudo.

Las madres, sin ningún género de dudas, son vitales en el desarrollo de cualquier ser humano pues el vínculo afectivo que ellas poseen hacia nosotros es tan fuerte que, salvo rarísimas excepciones, no se puede romper por nada del mundo. Un vínculo protector que nos proporciona refugio y comprensión sea cual sea la circunstancia de la vida de la que hablemos. Todo ello, además, sin pedir nada a cambio. Con querernos tienen bastante.

Bien es cierto que ese manto protector puede volverse en contra del hijo si se exagera y sobre-protege pero, insisto, al ser tan vital en nuestro desarrollo, como dice otra famosa frase, “más vale que sobre que no que falte”.

Todo esto viene a cuento por un informe que hace tiempo presento la Universidad de Navarra y que fue elaborado bajo la dirección de Natalia López Moratalla (Catedrática de Bioquímica y Biología Molecular) y Enrique Sueiro (Doctor en Comunicación Biomédica) en el que se detalla el proceso mediante el cual, al implantarse en el útero en su segunda semana de existencia, el embrión envía información al sistema inmune de su madre para que lo considere diferente al propio organismo pero no peligroso. Esta tolerancia se inicia a petición del embrión, a través de sustancias que liberan y desactivan las células que generarían rechazo hacia lo extraño. Es decir que nada más implantarse en su madre, el bebé le envía a su madre unas células que lo identifican como un ser afín y deseable.

Al mismo tiempo, las señales que envía el feto estimulan la producción de neurotransmisores en la madre, como oxitocina (hormona de la confianza), prolactina (que induce la producción de leche) y dopamina (reguladora de movimientos y sistemas de premio-recompensa). La progesterona (hormona sexual femenina) aumenta entre 10 y 100 veces en el cerebro y reduce la respuesta emocional y física al estrés de la mujer. Esto favorece un mejor desarrollo del feto.

De todo ello podemos inferir que el feto no tiene, en absoluto, un papel pasivo, sino que intercambia células con su madre para ayudarse mutuamente.

Vamos que la naturaleza, como siempre, dándonos lecciones maravillosas. Lo que ocurre es que, como diría mi admirado Peter Drucker, son lecciones “tan visibles que no se ven”.

Pues ahí les va mi propuesta: Háganse análisis de sangre y si no tiene células de apego con su empresa hagan el favor de pirarse lo más rápido posible. Lo digo por ustedes y por la empresa.

¡¡Crisis de Liderazgo!! ¡¡Crisis de Liderazgo!!  ¡¡Pues no!! La verdadera, la auténtica, la genuina crisis no es cosa del líder sino de los liderados. Osea, de usted y de mi. Es imposible que las cosas funcionen (ni siquiera en la relación madre-hijo) si los “hijos” no ponemos algo de nuestra parte:

-       ¡¡Oye jefe!! Que digo yo que no sé si sabes que esta empresa me importa tanto como a ti. Que te voy a enviar una células para que veas el apego que te tengo y compruebes que no soy un extraño…

No oigo más que quejas por todas partes pero no veo a nadie enviando “células de apego” a quienes tienen la difícil tarea de dirigir y de gestionar. En la naturaleza – vuelva a leer un poco más arriba – es el embrión quien inicia la petición y esas señales le permiten a la madre generar unas sustancias muy beneficiosas que, si las pasamos a la vida empresarial, hacen mucha falta:

-       Oxitocina – Hormona de la confianza

Es decir que los liderados confían en su líder y le dejan hacer sin tocarle los… constantemente.

-       Prolactina – Induce la producción de leche.

De leche para alimentar, no de la mala leche que se respira en nuestra organizaciones empresariales o, como reflejo, en la calle, en los bares, en las tiendas…

-       Dopamina – Reguladora de movimientos y sistemas de premio-recompensa.

Sin comentarios.

Así que ya sabe, si no genera células de apego, por favor deje hacer a los demás y quítese del medio. ¿Sabe una cosa? Estar ahí es una decisión propia a la que nadie le obliga. Si no le gusta, sea valiente y búsquese otra “madre”.

One Response to “Las Células de Apego”

  1. Marcelino says:

    Aquí hay un embrión, vamos a alimentarlo.


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