¡¡Vivan los Libros!!

Hace ya muchos años, mi padre, un empedernido comprador de libros, me dijo algo que nunca olvidaré.
Yo le pregunté si leía todos los libros que compraba, ya que a mi me parecía imposible que lo hiciese, aunque reconozco que tenía una velocidad de lectura poco habitual. Él me contestó:
“Mira hijo, los libros se pueden comprar por varios motivos. El más habitual es que lo vas a leer, pero también puede ser sólo un libro de consulta, puede ser un maravilloso regalo y, por último, y esto también es un buen motivo, por el mero placer de tenerlo, de olerlo, de acariciarlo…”
Yo, que fui bien entrenado por él en este hábito de compra, entendí muy bien los cuatro grandes motivos y he disfrutado enormemente del último de ellos. A veces, tener un libro es, sobre todo, un placer para los sentidos.
Quiero dejarles con una reflexión que leí hace poco del inigualable Fernando Fernán Gómez y quiero pedirles que no abandonen nunca el placer de tener un libro entre las manos…
“Aparecieron después los que algunos consideran enemigos del libro: el cine, la radio, la televisión… Son, es cierto, otros medios de difusión de la poesía, y también de la música y de las artes plásticas. Pero, aunque enemigos en cierto aspecto, es difícil que derroten al libro, ni creo que pongan en ello interés. El libro les lleva la ventaja de la corporeidad, de la cercanía. El libro lo tengo, lo poseo, puedo incluso darle achares*, no mirarlo, no leerlo y, sin embargo, conservarlo. No es efímero. Puedo también tenerlo en las manos, acariciarle el lomo como a un perro amigo, hojearlo, sobarlo, puedo besar algunos de sus renglones si me han conmovido. Tanto si es un libro lujoso, encuadernado en suave piel, como si es un libro popular, de los que se doblan y se pliegan sumisos para ser leídos en la cama, con los que uno puede acostarse sin muchas dificultades ( … )
Echo una mirada a la biblioteca. Cuántos libros en ella que ha devorado el olvido. Y cuántos que ya no podré leer. Quiero decirles a esos libros que no leeré nunca, que no se sientan despreciados. Si sé que no los leeré es porque estoy en esa edad en la que al tiempo se le ve volar como a un gorrión asustado, en la que se nos escapa como agua en un cesto, en la que huye como algunos queridos recuerdos. Pero al decir adiós, que un libro me abra sus brazos y repose sobre mi pecho.”
Pues eso: ¡¡VIVAN LOS LIBROS!!
* En caló, celos, disgusto, pena.






Juan, si ya en ensayos te va bien, cuando te pongas a escribir poesía o cuentos, barres!!
Recuerdos desde NY a punto de empezar la feria en que más libros se regalan del mundo.
Un abrazo
Marcelino