¡¡¡¡QUINCEAÑEROS!!!!
¡¡¡¡QUINCEAÑEROS!!!!
¿Se acuerdan de esas cartas de amor que se escriben a los quince años? Pues bien, deberíamos recuperar ese espíritu para la nueva gestión empresarial.
“Pero, ¿qué dice este hombre?”, se preguntarán ustedes. Pues eso, que debemos recuperar las historias de amor si queremos enfrentarnos a la nueva era.
“Definitivamente ha perdido la cabeza”, afirmarán ustedes después de oír esta última sentencia.
No, les aseguro que no. Intentaré demostrárselo. Hace tiempo, hablando con mi admirado Juan Arena, ex – presidente de Bankinter y un inigualable gestor, le pregunté cuál era el secreto de su éxito. Cuál había sido la razón fundamental por la que había conseguido llevar a Bankinter a ser uno de los mejores bancos del mundo. Sin dudarlo me dijo: “Bankinter fue una historia de amor”. ¿Cómo?, le pregunté por si no le había oído bien, pero me repitió lo mismo.
Al principio no lo entendí, pensé que, a lo mejor, me estaba gastando una broma. Sin embargo, enseguida comprendí que tenía toda la razón; sólo cuando uno está realmente enamorado de alguien o de algo es capaz de realizar cosas extraordinarias.
O amas lo que haces o haces lo que amas, no hay alternativa. La razón fundamental radica en el COMPROMISO que se consigue através de ese sentimiento. La carencia del mismo es, sin duda, uno de los grandes problemas de hoy en día en el lanzamiento o gestión de proyectos, empresas, etc.
¿Por qué existe esa falta de compromiso? Quizá porque el compromiso exige renuncia. Cuando uno se compromete necesariamente “pierde” algo en ese proceso. Me explico. Si me comprometo con mis hijos, su calidad de vida y su educación y desarrollo, no basta con expresarlo, darles muchos besos y decirles que les quieres mucho. Comprometerse con eso significa renunciar a mi comodidad y trabajar y sacrificarme más horas para intentar conseguir los recursos económicos que permitan que ellos puedan ir a las mejores instituciones académicas o que dispongan de libros y material adecuados o que puedan vivir en las mejores condiciones que yo pueda darles.
Si uno es una empresa, por ejemplo, que se dedica a la televisión y decide defender unos valores como son la honestidad informativa, la familia, el trabajo y el esfuerzo como claves del éxito, la educación y el respeto en las relaciones profesionales, etc., y manifiesta su compromiso con esos valores, tiene obligatoriamente que renunciar a emitir informativos amarillistas, programas donde lo soez, lo ordinario o el facilismo sean los protagonistas, programas que emitan imágenes en los que se perjudique a los más jóvenes y su educación. O, por supuesto, no admitir directivos que falten al respeto al ser humano o no sean educados.
¿Quién diría no estar comprometido con esos principios o valores? Muy pocos o nadie. Pero, y esto es lo más importante, ¿quién actúa en consecuencia? Es decir, ¿quién está dispuesto a retirar ese tipo de programas aún cuando eso suponga un riesgo evidente para su rating? Ahí, el escondite se convierte en el juego de moda.
Es decir, comprometerse significa renunciar a lo fácil y echarse a la espalda lo difícil aunque suponga un esfuerzo muy superior .
Algunos pensarán que esto es muy bonito pero pura teoría. “Estas cosas no ocurren en el mundo empresarial”, dirán. Pues mire esto que le cuento acaba de hacerlo un grupo de la importancia del grupo mexicano TELEVISA. Su presidente, mi también admirado Emilio Azcárraga, se ha convertido en un quinceañero enamorado y ha escrito su carta. Lo mejor es que está actuando en consecuencia, eliminando de su programación aquello que es “fácil” y proponiéndose el reto de seguir por lo “difícil”. Aunque el rating sufra. Así que “haberlos haylos”. Todo es tomar la decisión y comprometerse.
La pregunta es, ¿está usted enamorado?






