EL CLÍTORIS

Femme en 3D

Ya sé, quizá debí poner otro título, pero las leyes de la mercadotecnia actual me dicen que provocar o provocar, que si no, aquí no te hace caso nadie. Y si no me creen, échenle un vistazo a la programación televisiva.

Además el tema es grave, muy grave. Aquí, en nuestro país, suceden cosas que uno no puede explicarse. Puede ser, no digo que no, que uno sea corto de entendederas o que esté más pasado de moda que el chocolate Matías López, pero el sentido común, por otros indicadores lo sé, todavía no lo he perdido.

Para explicárselo voy a recurrir al cine. Es decir, voy a intentar guionizar una escena y me cuentan si les gusta.

Secuencia 1: Oficinas “Dexlert International”. Despacho del Director.

Lugar: Despacho de Luís Cónven, director de la empresa. En la mesa, sentado y escribiendo sobre unos papeles, se encuentra un ejecutivo vestido como tal. Bien peinado, traje a medida, corbata de seda…

Escena: Mientras la cámara va cerrando el plano y acercándose a él, éste se reclina sobre su silla de respaldo alto y cuero y aprieta un botón de su teléfono…

Voz desde el teléfono: Sí Luís. ¿Qué necesitas?

Director: Cristina, por favor,  pásame con Alemania, con Herr Guimebord. En cuanto lo hagas, por favor, pasa a mi despacho con los últimos contratos que firmamos con ellos y quédate conmigo para ayudarme con la traducción. Ya sabes que mi alemán no es muy bueno.

Cristina: Perfecto. Te voy pasando y mientras le saludas paso con los contratos.

Luís: Gracias Cris.

Lugar: Espacio físico de la secretaria de Luís Cónven. Muebles modernos de diseño. Sobre la mesa un ordenador Apple de última generación. Papeles y mesa en un orden perfecto. Unas pequeñas flores adornan el escritorio.

Cristina es una mujer de edad indefinida, rasgos de cara indefinidos, peinado indefinido, expresión indefinida. Toda ella está tapada con un burka de color azulado.

Alguien, en este preciso momento, me grita:  ¡¡¡¿¿¿Cómooooo???!!!

¡¡¡ Esa escena no es posible!!! Una mujer con burka no puede aparecer en ese ambiente, nadie lo creería. La escena no es válida.

Estoy de acuerdo, totalmente de acuerdo, en un mundo como el de hoy una mujer no es un clítoris, una mujer es un ser humano que tiene los mismos derechos y obligaciones que cualquiera y en el mundo empresarial una mujer es lo mismo, ¡exactamente igual!, que un hombre. O, al menos, debiera de serlo. Sin discusión.

Esto, que es de una evidencia total, muchos no lo entienden. Si esos “muchos” pertenecen a otras culturas y otra educación, al menos tiene una excusa que justifica un comportamiento así y sobre el que se debe re-educar para provocar el cambio.

Lo malo es que hay algunas/os políticos de este país que aún se permiten el lujo de no prohibir el uso de ese esperpento que humilla y degrada a las mujeres, basándose en argumentos tan peregrinos como “se ven muy pocos”.

Nadie, en su sano juicio, permitiría ir a trabajar a un ser humano con esa vestimenta humillante. Nadie, en el malvado mundo empresarial, dejaría que alguien fuese vejado de esa manera. Ni los jefes, ni los compañeros, ni los clientes. Nadie. Una empresa que lo permitiese ( y se supiera), es muy probable que fuera “expulsada” del mercado al no poder hacer negocios con nadie.

Quizá, ese malvado mundo empresarial (que a veces lo es) pueda ser ejemplo para el resto. Ejemplo de un comportamiento digno que no permite que un ser humano pueda ser degradado y no hacer nada al respecto.

Se me ocurre que a esas/os imbéciles que no luchan, en cualquier circunstancia, contra la degradación de la mujer, les pongamos a su lado, todo el día, a una vestida con burka. Una especie de cobrador del frac que les identifique ante todos nosotros y así no puedan vendernos después sus supuestas mentalidades progresistas. Desde aquí, a todos ellos, les dedico un entrañable: ¡¡ Váyanse a la mierda!!

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